Vivía en un edificio antiguo del centro de Buenos Aires, frente a la Estación Central de la Policía Federal. Era el encargado del edificio. Era alto y delgado. Estaba retirado de la marina mercante y era ya muy entrado en años. Cuando por algún motivo expresé mi repudio por la dictadura de mi país, me contó en una conversación muy corta que era retirado de la Marina Mercante Argentina y, con evidente resquemor, me confesó que, entre otras cosas, Perón también había metido mano en la caja de la jubilación de la marina mercante en los años de dictadura y había dejado a la gente de la marina sin jubilación.
La característica inequívoca de las dictaduras populistas: emplear de manera arbitraria e indiscriminada los recursos y ahorros ajenos, los recursos de quienes los habían creado o fomentado con su propio esfuerzo.
Jesús vivía en un cuarto próximo a la entrada del edificio junto a su esposa. Como sucede con la gente de mar, a veces abusaba del alcohol. Pero, siempre se mantenía taciturno. Nunca lo ví hablando con alguien más, ni siquiera con los inquilinos. Sin embargo, de esa vez que conversamos, me quedó en el recuerdo su natural y lógica indignación contra el dictador Juan Domingo Perón, alguien a quienes muchos aplaudían agradecidos por las prebendas obtenidas a cuenta del sacrificio de otros, sin siquiera tomar conciencia de ello.
