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Phoenix bird

Entre líneas y titulares (11). Dos origenes, una misma conclusión.

De una parte la madre de Cayetana Álvarez de Toledo. De la otra el uruguayo Carlos Lizcano.
La fuente referencial sobre la madre de Cayetana me llegó por una entrevista ofrecida por la mismísima Cayetana. La de Carlos Lizcano la encontré en más de una entrevista ofrecida por el propio Lizcano en ocasión de la presentación de un libro escrito por él.
La señora madre de Cayetana era una argentina de clase pudiente con raíces aristocráticas. El uruguayo Carlos de clase media y expreso político de la dictadura militar por haber pertenecido al movimiento Tupamaro.
Ambos tuvieron algo en común: su simpatía por la llamada revolución cubana, como muchos jóvenes americanos de los años 60, inspirados por el «ideal» de «justicia social».
La de los 60 fue una década convulsa en el Hemisferio Occidental. En hispanoamérica la revolución cubana y los movimientos subversivos inspirados y auspiciados por ella, en USA la lucha por los derechos civiles y el movimiento hippie antibelicista en oposición a la guerra en Vietnam, en Francia el Mayo del 68. En el resto de Europa la hegemonía comunista en varios países, con el tristemente célebre y emblemático Muro de Berlín. Recuerdo que la división creada por el «campo comunista» le llamaron La cortina de hierro. De un lado quedaban las democracias occidentales, del otro, la represión dentro de los países comunistas.
Lo de la «justicia social» basada en la metodología comunista cobraba un impulso que ofrecía una esperanza que en la realidad era un engendro. Éso fue lo que inspiró la frase de Olavo de Carvalho: «El comunismo no es un gran ideal que se perviritió, es una perversión que se vendió como un gran ideal».
Pasaron los años y la historia continuó su curso. Ahora estamos en el primer cuarto del s.XXI y haciendo un balance rápido, atenido a los hechos, fiel a lo acontecido, vemos que cayó el Muro de Berlín y después ha venido desnudándose el concepto erróneo de «justicia social» y con ello el relato mentiroso de quienes propagaban y propagan el «igualitarismo» en lugar de la igualdad de los falsos profetas, la igualdad ante la ley que es verdaderamente lo más próximo al ideal de justicia.
Mientras que a muchos los obnubila en gran medida lo circunstancial, otros pocos evitan dejarse llevar por la corriente y tienen una visión más nítida y razonable de la realidad. ¿Cómo explicar, si no, que tanto la madre de Cayetana, argentina, como Carlos, uruguayo, después de visitar Cuba en aquellos mismos años 60 cada uno por su lado, pero, atraídos de igual manera por las esperanzadoras noticias sobre la revolución cubana, hayan llegado a una misma conclusión? Aquí se pone de manifiesto una misma conclusión de parte de dos personas de orígenes y trayectorias bastante disímiles: se decepcionaron de la llamada revolución cubana al ser testigos directos de lo que vieron que acontecía dentro de Cuba, y eso sucedió en los años en que el fenómeno cubano estaba en todo su esplendor por la propaganda en países extranjeros.
Ahora cuando, desde hace tres años, con las protestas multitudinarias en la isla el 11 de Julio, el mundo está cada vez más convencido de la manipulación fraudulenta de todo lo relacionado con el régimen tiránico durante décadas de comunismo, ahora que cada día más y más personas se dan cuenta de lo expresado por un parlamentario europeo en defensa de los cubanos que sufren la tiranía, resumió diciendo: Cuba es una anomalía.
¿Quién le iba a decir tanto a la madre de Cayetana como Carlos Lizcano que 50 años después Cuba estaría destrozada, sumida en ruinas, debido al régimen político que los decepcionó?
Ellos, desde aquellos «tiempos remotos», tuvieron la sensibilidad humana suficiente para avizorar que ése no era el proyecto de futuro que deseaban para sus respectivos países y ambos, por si fuese poco, sustentar sus convicciones a pesar de navegar contra la corriente… Como quiera que se mire, la realidad histórica evidenció que estaban acertados.