
Recuerdo que fue en una galería muy conocida de Buenos Aires: El Patio Bullrich. Recuerdo también que fue en el año 1998, porque yo tenía planeado ir a Cuba en breve, luego de una ausencia de tres años. Allá todavía vivían mi mamá, mi papá y mi hijo. Fue la única vez que fui a Cuba, para no regresar jamás. Gracias a Dios, años después me pude reunir en el exilio con esos mis tres seres queridos. En aquella ocasión Mario Vargas Llosa hizo la presentación de un libro suyo, por lo que accedió a la acostumbrada firma de ejemplares.Recuerdo que fue en una galería muy conocida de Buenos Aires: El Patio Bullrich. Recuerdo también que fue en el año 1998, porque yo tenía planeado ir a Cuba en breve, luego de una ausencia de tres años. Allá todavía vivían mi mamá, mi papá y mi hijo. Fue la única vez que fui a Cuba, para no regresar jamás. Hice la fila con un libro en la mano. Además de tener la oportunidad de ver a Mario, me entusiasmó la idea de llevarle el libro de regalo a mi padre con la firma del escritor peruano tan querido. Cuando llegó mi turno frente a Mario, le dije que yo era cubano y le conté de prisa que mi papá y yo, a pesar de la censura, habíamos tenido el privilegio de leer todos sus libros, porque unos amigos colombianos de mi padre se los llevaban de regalo, introduciendolos en la isla de manera clandestina. Mario se mostró gratamente impresionado y reiteró su conocida opinión sobre el régimen de la isla, que lo consideraba a él un enemigo.Yo me despedí de prisa para no detener la fila. Sin embargo, cuando comenzaba a alejarme y casi le daba la espalda, él me dijo conmovido:»Hace falta que termine la pesadilla. Y que sea prontito…»Que así sea, le respondí. Muchísimas gracias.Fue la primera y última vez que vi a Mario, y es como para no olvidar jamás.
